Sonaba en los 40 principales Amaral:
No quedan días de verano para pedirte perdón
Te miro a los ojos y pienso que esta vida no es justa.
Esta melodía se repetía dentro de mi cabeza, y me hacía pensar : No, no es justa, es cierto, no es justa, no es justo que no tenga nada.
Había terminado el curso y sabía que ahí acababa toda posibilidad, que no volvería a hablar con él, ni siquiera para contestarle alguna duda en una revisión de algún examen, (que siempre se quejaba :@), que no nos volveríamos a ver, y me olvidaría.
Y además estaba con otra chica, así que yo en su mente ocupaba menos que nada.
Había hablado con él tan pocas veces durante el curso, de nada importante, vanalidades relacionadas con la materia que impartía. Cada vez que lo hacía , me preguntaba a mi misma, ¿Habrá notado que él me gusta? La verdad es que nunca me atreví a demostrarle nada, ni siquiera a preguntarle o decirle alguna cosa que no tuviera nada que ver con la asignatura. Es que era su profesora, y claro, eso corta un poco. ¿Qué iba a pensar de mí?
Sin embargo. lo observaba todo el tiempo, cuando entraba en clase, cuando salía, con quien hablaba, qué hablaba, cuando se reía, todo, conocía todos sus movimientos.
Y él parecía que no se había dado cuenta, creo, no sé.¿será verdad que los hombres son tan tontos para estas cuestiones como dicen?
Tenía algo que me atraía, no lo tengo muy claro, me parecía una persona con don de gentes, entraba a cualquiera y se la ganaba fácilmente, tenía personalidad, carisma.
Yo lo consideraba el alma de la clase, a todos les caía bien, a los alumnos, a los profesores.
Era muy inteligente, una inteligencia desaprovechada porque no estudiaba, una pena.
Era un Don Juan , tenía a todas las niñas de la clase locas, tenía madera de casanova no cabía duda, me parecía un conquistador nato.
Y además esa sonrisa.
Y esos ojos.
Entraba en mi página WEB , y miraba los ejercicios entregados por él, las notas obtenidas en los exámenes (eran un pésimo estudiante), su datos personales,... ¿sus datos personales? ahí está su correo electrónico...
¿Qué hago? ¿Me atrevo?
Ese mismo curso, mi jefe de departamento , me había invitado a agregarme a su lista de contactos del Messenger. Nunca me interesó ese tipo de programas , lo consideraba un aplicación parásito que entorpecía mis clases, ya que los alumnos se solían distraer hablando con él mientras yo explicaba. Nunca me cayó muy bien ese programa, sinceramente.
Pero empecé a usarlo a instancias de mi jefe, y bueno, no estaba mal, estaba distraído, el “anonimato” provocaba que me atreviera a decir cosas que en otras circunstancias nunca me hubiera atrevido, me desinhibía, me hacía ser yo misma, y por supuesto, me divertía.
Bueno, y qué puedo perder? Ya, a estas alturas, terminado el curso, probablemente no lo veré hasta el año que viene, si sigo en el Instituto.
¿Le invito a agregarme a mi lista de contactos? ¿Y así al menos hablaré con él por Internet?, bueno algo es algo, ¿que mas puedo pedir? Dadas las circunstancias.
Pero, no me atrevo a darle mi dirección de correo habitual , ya que sabría quien soy inmediatamente , y bueno , podría suceder que no quisiera agregarme.
Al menos al principio no quiero que sepa quien soy , más adelante, ya veremos, depende. Igual ni me contesta ni nada, igual no suele usar el Messenger, no, no creo, él lo usaba en clase.
Así que me cree una dirección de correo nueva , con datos totalmente ficticios que no tenían nada que ver con mi verdadera identidad, para que no sospechara de mí, y bueno... me lancé al vacío y le mandé una invitación.